domingo, 1 de octubre de 2017

¿La palabra del orientador va a misa?

He decidido meter aquí una reflexión personal en relación con la función de los orientadores y demás "influencers" que existen en los centros educativos, porque creo que su labor es bastante importante y no se debería tomar a la ligera; creo que debería de formarse mejor a los orientadores porque tienen en sus manos algo muy valioso, como es el futuro de tantos y tantos niños. Ellos influyen en ese futuro y depende muchas veces de si esa influencia es acertada o no (como sucede en películas como la Ola o en el documental Una clase dividida), puede hacer que esos niños prosperen o elijan bien su camino o no.

En mi caso, recuerdo que en cuarto de la ESO intentaron “orientarme”, sin éxito alguno, y menos mal. De ahí viene el título de esta entrada, ¿la palabra del orientador va a misa?, ¿su palabra siempre es acertada?, ¿hasta qué punto debemos hacerles caso? Yo siempre tuve las ideas muy claras, me gustaban las letras y quería deshacerme cuanto antes de todas las ciencias que pudiera. Y así lo hice, en 4º de la ESO ya quería desvincularme de las matemáticas orientadas a las ciencias y coger optativas más de letras pero como mi instituto era tan pequeño, y no iban a ponerme latín a mí sola, tuve que cursar Biología, siendo la única de letras en ciencias. En fin, no me importaba, ¿qué le iba a hacer? No tenía más opción. Pero cuando la profesora de física y química que había tenido el año anterior se enteró de esta decisión de irme a las “matemáticas fáciles” y quitarme poco a poco las ciencias, se acercó a mí un día y me dijo un tanto indignada que qué estaba haciendo, que ni se me ocurriera hacer eso. Yo ante esto me quedé un poco atónita, no pensaba que hubiera dudas de que lo mío eran las letras y los idiomas. Pero parece ser que el hecho de que me gustaran más o menos las letras no importaba para nada.

El curso siguió y ya al final, cuando también tenías que decidir qué hacer en bachillerato (que en ese instituto además nos tocaba irnos a otro pueblo porque allí no había) volvió a surgir este tema. ¡Ya por fin podía elegir latín y griego! e ¡historia del arte! Yo estaba feliz. Pues nada, esta profesora que ni siquiera había tenido ya ese año, no se daba por vencida, se estaba tomando ya casi como algo personal que no hiciera caso a sus consejos, yo creo que le daba rabia que lo tuviera tan claro y no pudiera tener influencia sobre mí, qué mal bicho. Total, movió hilos, convenció al orientador del centro que con mis resultados académicos era una injusticia que lo “echara a perder” yéndome a letras. Hasta llamaron a mis padres, para decirles que lo que estaba haciendo no era acertado, que tenía muy buenas notas y que sería un “desperdicio” desaprovecharlo así; que en humanidades no había ninguna salida…etc. Ya no sabían qué argumento dar, así que optaron por el típico. Me decían que cogiera ciencias en bachillerato, que me “abría” más puertas (nunca he entendido eso), y luego ya decidiera qué carrera hacer, pero que no dejara las ciencias tan pronto. A mí me parecía de risa, no había forma de que me convencieran de semejante tontería y mis padres pensaban igual. ¿Abrir puertas? ¡Si no quiero ninguna de esas puertas! Aunque parezca ridículo, esa era la frase de moda en esos años, y muchos de mis amigos tuvieron que hacer bachillerato “a la fuerza” por ciencias, sólo por las “puertas”, cuando tenían claro que querían hacer historia, o derecho, o filología… por poner un ejemplo.

Por eso digo que conmigo su “orientación” no tuvo éxito, y menos mal. Pero eso me hacía preguntarme si con otras personas les funcionaron sus argumentos y su persuasión sin sentido. Me parecía increíble que solo se guiaran por los resultados académicos para decidir si alguien tenía que ir por ciencias o no. ¿Qué pasa?, ¿que sacar buenas notas es indicativo de que alguien tiene que dedicarse a algo relacionado con las ciencias, y los que no, a letras? Me parecía un planteamiento tan estúpido que no me creía que alguien con un cargo como “orientador” o “profesor” lo usara para convencer a la gente como si tuvieran la clave del éxito. En mí no surtieron efecto esas disuasiones, porque fui o lo suficientemente lista o simplemente tenía las cosas lo suficientemente claras como para que no me afectaran sus argumentos, pero en alguien que no lo tenga tan claro y se deje guiar por ese tipo de “orientación” me parece algo devastador. Las consecuencias que puede acarrear en los alumnos es enorme como para que se dediquen a dar “consejos” así a la ligera sin validez de ningún tipo.


Por eso, con esta historia personal lo que quería reflejar es que creo que la labor de los orientadores y profesores en general es fundamental, tienen mucha responsabilidad entre sus manos y no se debería tomar tan a la ligera como algo banal; es el futuro de los niños de los que estamos hablando, de nuestro futuro en definitiva, y por su mala orientación pueden cargárselo o empeorarlo en un solo chasquido. Los profesores y orientadores tienen el poder de influir, y es un poder muy fuerte, por eso hay que formar muy bien a estas personas; para que puedan usar ese poder correctamente. 

2 comentarios:

  1. Poderoso post!!!!
    Claro que no va a misa... pero lo que nos dice alguien formado para "orientar" bien nos debería repicar a vísperas.
    El objetivo de la asignatura es, precisamente, tratar de completar un aspecto con frecuencia descuidado: no formamos en determinadas competencias... tratamos de contribuir en la formación integral de, sobre todo, personas.

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  2. Gracias por tu comentario :)

    Sí, eso es!

    Por eso creo que se debería formar mejor a los orientadores, porque tienen una misión fundamental en la formación integral del individuo, como bien dices, sobre todo como personas, que a veces este aspecto queda un poco de lado.

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