He decidido meter aquí una reflexión personal en
relación con la función de los orientadores y demás "influencers" que
existen en los centros educativos, porque creo que su labor es bastante
importante y no se debería tomar a la ligera; creo que debería de formarse
mejor a los orientadores porque tienen en sus manos algo muy valioso, como es
el futuro de tantos y tantos niños. Ellos influyen en ese futuro y depende
muchas veces de si esa influencia es acertada o no (como sucede en películas
como la Ola o en el documental Una clase dividida), puede hacer que esos niños
prosperen o elijan bien su camino o no.
En mi caso, recuerdo que en cuarto de la ESO
intentaron “orientarme”, sin éxito alguno, y menos mal. De ahí viene el título
de esta entrada, ¿la palabra del orientador va a misa?, ¿su palabra siempre es
acertada?, ¿hasta qué punto debemos hacerles caso? Yo siempre tuve las ideas
muy claras, me gustaban las letras y quería deshacerme cuanto antes de todas
las ciencias que pudiera. Y así lo hice, en 4º de la ESO ya quería
desvincularme de las matemáticas orientadas a las ciencias y coger optativas
más de letras pero como mi instituto era tan pequeño, y no iban a ponerme latín
a mí sola, tuve que cursar Biología, siendo la única de letras en ciencias. En
fin, no me importaba, ¿qué le iba a hacer? No tenía más opción. Pero cuando la
profesora de física y química que había tenido el año anterior se enteró de
esta decisión de irme a las “matemáticas fáciles” y quitarme poco a poco las
ciencias, se acercó a mí un día y me dijo un tanto indignada que qué estaba
haciendo, que ni se me ocurriera hacer eso. Yo ante esto me quedé un poco
atónita, no pensaba que hubiera dudas de que lo mío eran las letras y los
idiomas. Pero parece ser que el hecho de que me gustaran más o menos las letras
no importaba para nada.
El curso siguió y ya al final, cuando también tenías
que decidir qué hacer en bachillerato (que en ese instituto además nos tocaba
irnos a otro pueblo porque allí no había) volvió a surgir este tema. ¡Ya por
fin podía elegir latín y griego! e ¡historia del arte! Yo estaba feliz. Pues
nada, esta profesora que ni siquiera había tenido ya ese año, no se daba por
vencida, se estaba tomando ya casi como algo personal que no hiciera caso a sus
consejos, yo creo que le daba rabia que lo tuviera tan claro y no pudiera tener
influencia sobre mí, qué mal bicho. Total, movió hilos, convenció al orientador
del centro que con mis resultados académicos era una injusticia que lo “echara
a perder” yéndome a letras. Hasta llamaron a mis padres, para decirles que lo
que estaba haciendo no era acertado, que tenía muy buenas notas y que sería un “desperdicio”
desaprovecharlo así; que en humanidades no había ninguna salida…etc. Ya no
sabían qué argumento dar, así que optaron por el típico. Me decían que cogiera
ciencias en bachillerato, que me “abría” más puertas (nunca he entendido eso),
y luego ya decidiera qué carrera hacer, pero que no dejara las ciencias tan
pronto. A mí me parecía de risa, no había forma de que me convencieran de
semejante tontería y mis padres pensaban igual. ¿Abrir puertas? ¡Si no quiero
ninguna de esas puertas! Aunque parezca ridículo, esa era la frase de moda en
esos años, y muchos de mis amigos tuvieron que hacer bachillerato “a la fuerza”
por ciencias, sólo por las “puertas”, cuando tenían claro que querían hacer
historia, o derecho, o filología… por poner un ejemplo.
Por eso digo que conmigo su “orientación” no tuvo
éxito, y menos mal. Pero eso me hacía preguntarme si con otras personas les
funcionaron sus argumentos y su persuasión sin sentido. Me parecía increíble
que solo se guiaran por los resultados académicos para decidir si alguien tenía
que ir por ciencias o no. ¿Qué pasa?, ¿que sacar buenas notas es indicativo de
que alguien tiene que dedicarse a algo relacionado con las ciencias, y los que
no, a letras? Me parecía un planteamiento tan estúpido que no me creía que
alguien con un cargo como “orientador” o “profesor” lo usara para convencer a
la gente como si tuvieran la clave del éxito. En mí no surtieron efecto esas
disuasiones, porque fui o lo suficientemente lista o simplemente tenía las
cosas lo suficientemente claras como para que no me afectaran sus argumentos,
pero en alguien que no lo tenga tan claro y se deje guiar por ese tipo de “orientación”
me parece algo devastador. Las consecuencias que puede acarrear en los alumnos
es enorme como para que se dediquen a dar “consejos” así a la ligera sin
validez de ningún tipo.
Por
eso, con esta historia personal lo que quería reflejar es que creo que la labor
de los orientadores y profesores en general es fundamental, tienen mucha
responsabilidad entre sus manos y no se debería tomar tan a la ligera como algo
banal; es el futuro de los niños de los que estamos hablando, de nuestro futuro
en definitiva, y por su mala orientación pueden cargárselo o empeorarlo en un
solo chasquido. Los profesores y orientadores tienen el poder de influir, y es
un poder muy fuerte, por eso hay que formar muy bien a estas personas; para que
puedan usar ese poder correctamente.
Poderoso post!!!!
ResponderEliminarClaro que no va a misa... pero lo que nos dice alguien formado para "orientar" bien nos debería repicar a vísperas.
El objetivo de la asignatura es, precisamente, tratar de completar un aspecto con frecuencia descuidado: no formamos en determinadas competencias... tratamos de contribuir en la formación integral de, sobre todo, personas.
Gracias por tu comentario :)
ResponderEliminarSí, eso es!
Por eso creo que se debería formar mejor a los orientadores, porque tienen una misión fundamental en la formación integral del individuo, como bien dices, sobre todo como personas, que a veces este aspecto queda un poco de lado.